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MISIONERAS DE LA CARIDAD, CALCUTA
Junto con la Iglesia universal, nosotras, las Misioneras de la Caridad, lamentamos la muerte de este gran Papa, el Papa Francisco.
El Papa Francisco fue un hombre de visión evangélica. La manera en que hizo que la Iglesia volviera a centrar su atención en los marginados, los migrantes y los refugiados, nos recordaban a Jesús que se sentaba con los publicanos y los pecadores. Él quería una Iglesia que acogiera a todos, sin discriminar a nadie. Nos animó a nosotros, las Misioneras y Misioneros, a ir a las periferias de la sociedad, a buscar a los “perdidos”, a impregnarnos del olor de las ovejas. Precisamente por eso nos pidió abrir una nueva misión en Bajo Flores, un gran barrio marginal de Argentina, cerca de su ciudad natal, Flores. Es un lugar marcado por la drogadicción, la violencia y las peleas entre bandas. Nuestra casa está en medio de este barrio y, a veces, tenemos balas que atraviesan nuestras ventanas.
Este febrero tuvimos un encuentro inolvidable con nuestro Santo Padre en el Vaticano. Yo estaba allí para una reunión con las Regionales, después de la cual fuimos a la audiencia general, seguida de un breve encuentro con el Santo Padre. Él no dejaba de decirnos, con su voz débil: “Hermanas, gracias por su vocación y misión. ¿Saben que el Papa también tiene a su comunidad en el Vaticano? ¡Su vocación es buena!”. Lo repitió varias veces, con ambas manos levantadas. También dijo: “Hermanas, sigan adelante, sigan adelante…”. Nos conmovió hasta las lágrimas. Tenía un gran entusiasmo por la misión. Fue un gran aliento para nosotras. Luego supimos que al día siguiente fue ingresado en el hospital.
Hna. M. Joseph, MC
Superiora General
Misioneras de la Caridad
